Prometo un post sobre existencia y esencia y, por supuesto, no tengo con qué llenarlo. Al menos me sirve para barruntar que como lector soy un desastre en algún sentido, aunque no en el que me interesa. Sé que leo a Sartre y mucho no entiendo qué dice, sino que me gusta cómo lo dice. Por ejemplo:
"[...] Aun mantuve, durante varios años, relaciones públicas con el Todopoderoso, pero en privado dejé de visitarle. Sólo una vez tuve el sentimiento de que existía. Había jugado con unos fósforos y quemado una alfombrita. Estaba tratando de arreglar mi destrozo cuando, de pronto, Dios me vio, sentí Su mirada en el interior de mi cabeza y en las manos; estuvo dando vueltas por el cuarto de baño, horriblemente visible, como un blanco vivo. Me salvó la indignación; me puse furioso contra tan grosera indiscreción, blasfemé, murmuré como el abuelo: "Maldito Dios, maldito Dios, maldito Dios". No me volvió a mirar nunca más.
Acabo de contar la historia de una vocación fallida: necesitaba a Dios, me lo dieron, pero lo recibí sin comprender lo que buscaba. Al no poder echar raíces en mi corazón, vegetó en mí durante algún tiempo y después se murió. Hoy, cuando me hablan de Él, digo con la diversión sin pena de un viejo enamorado que se encuentra con su vieja enamorada: "Hace cincuenta años, sin ese malentendido, sin esa equivocación, sin ese accidente que nos separó, podría haber habido algo entre nosotros"
(Jean-Paul Sartre, Las palabras)
Por eso no puedo explicar por qué sé que la existencia precede a la esencia, aunque lo sé seguramente, hace mucho tiempo. Pero ensayo: no hay nada, no hay trascendencia, lo que hay es lo que tenemos. Si hay más allá, bueno, ya nos enteraremos. Pero no hay óptimo previo, no hay nirvana que venga de atrás. Hay sólo lo que tenemos, la existencia. Buscar la esencia, en fin, es buscar frustración. Como buscar un límite matemático pensando que algún día llegará. No, no es conformismo, eso. Es otra cosa. Es saber que la existencia precede a la esencia, y que la inventa.
Es una cosa muy sencilla. Me llegó de Sartre, andá a saber cómo puta hizo, y andá a saber si lo "entendí" bien. No me importa demasiado. Por el mismo argumento, ¿se entiende?
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martes, diciembre 18, 2007
Existencia y esencia
jueves, setiembre 27, 2007
Nuevos apuntes
Mi amigo jahey me acusa, probablemente con razón y seguramente con mala intención (es su estilo), de una cierta desprolijidad o falta de dedicación en la elección de las palabras en los posts anteriores sobre Paris (esta oración es tan larga que al final me quedé sin aire). Puede ser. A mí tampoco me gustaron. Habrá que saber por qué, yo ensayo la ansiedad por publicar, porque la barra espera. Ya vendrán cosas más elaboradas, por ahora, nada, un diario de viaje nomás. Jahey: loco, dejame vivir.
***
Fui a visitar la tumba de Jean-Paul Sartre, lo cual motiva la que es (creo) la primer foto que publico en este lugar. Va.

Sartre y Simone de Beauvoir. No sé si pueden entender por qué estuve ahí al borde de las lágrimas y ahora estoy de vuelta. No sé si yo puedo entenderlo.
(Suena la Pequeña Orquesta Reincidentes enmarcando los recuerdos, con el piano de Miguita de pan).
***
El cementerio de Montparnasse es más bello que el de Montmartre. No. No tengo una particular admiración por los cementerios. Más, nunca voy más que obligado. Pero uno tiene sus debilidades, y la mía es creer que la Historia vive en los rastros que va dejando. Eso nomás. Y sí, soy perfectamente consciente que el que la tumba de dos existencialistas sea objeto de culto es, por lo menos, irónico.
***
Ví la tumba de Cortázar, con boletitos del RATP con escritos triviales pero sentidos. Para mí vale.
***
Después me fui al Louvre. El Louvre es demasiado grande como para que mi cabeza haya acomodado las percepciones. Creo que hay que ir tres veces al Louvre (mejor, tres por las cantidad de visitas que tome recorrerlo completo, con una no alcanza): la primera para prolijamente catalogar las obras, con nombre estilo y comentario, para buscar desesperado la Venus de Milo, el Escriba Sentado y, por supuesto, La Gioconda. Para sacarse la expectativa. Para catalogar a Murillo, a Goya, a Delacroix, a Veronese. La segunda, para mirar para arriba y saborear ese palacio. La tercera, para ver los cuadros, sin obligación de sacar fotos o saber quién pintó qué.
Mi recomendación: si tienen una sola vez para ir, elijan la opción tres. Se van a sorprender.
Ah. Está lleno de turistas. Sacan fotos fotos fotos fotos fotos fotos click fotos cliqui clic fotos fotos con los cuadros fotos con ellos fotos derecho a los cuadros fotos para arriba fotos por las ventanas. Por definición unas fotos horribles, porque la luz no ayuda nada de nada. Fotos.
***
Cuando entré a ver La Gioconda me horroricé: una multitud enajenada sacandole fotos a la pobre, que allá al fondo, chiquita, separada por una barrera como una fosa, se ríe igual que siempre. Dí unas vueltas horrorizado.
Y al final le saqué una foto. Por supuesto salió horrible. Pero prefiero una sociedad que le saca fotos como enajenada a un cuadro del siglo XVI a una que arrasa con Bagdad. Cada uno se aproxima como puede.
***
Este post me gustó.
guillermo
por la copia, rodia
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Fui a visitar la tumba de Jean-Paul Sartre, lo cual motiva la que es (creo) la primer foto que publico en este lugar. Va.
Sartre y Simone de Beauvoir. No sé si pueden entender por qué estuve ahí al borde de las lágrimas y ahora estoy de vuelta. No sé si yo puedo entenderlo.
(Suena la Pequeña Orquesta Reincidentes enmarcando los recuerdos, con el piano de Miguita de pan).
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El cementerio de Montparnasse es más bello que el de Montmartre. No. No tengo una particular admiración por los cementerios. Más, nunca voy más que obligado. Pero uno tiene sus debilidades, y la mía es creer que la Historia vive en los rastros que va dejando. Eso nomás. Y sí, soy perfectamente consciente que el que la tumba de dos existencialistas sea objeto de culto es, por lo menos, irónico.
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Ví la tumba de Cortázar, con boletitos del RATP con escritos triviales pero sentidos. Para mí vale.
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Después me fui al Louvre. El Louvre es demasiado grande como para que mi cabeza haya acomodado las percepciones. Creo que hay que ir tres veces al Louvre (mejor, tres por las cantidad de visitas que tome recorrerlo completo, con una no alcanza): la primera para prolijamente catalogar las obras, con nombre estilo y comentario, para buscar desesperado la Venus de Milo, el Escriba Sentado y, por supuesto, La Gioconda. Para sacarse la expectativa. Para catalogar a Murillo, a Goya, a Delacroix, a Veronese. La segunda, para mirar para arriba y saborear ese palacio. La tercera, para ver los cuadros, sin obligación de sacar fotos o saber quién pintó qué.
Mi recomendación: si tienen una sola vez para ir, elijan la opción tres. Se van a sorprender.
Ah. Está lleno de turistas. Sacan fotos fotos fotos fotos fotos fotos click fotos cliqui clic fotos fotos con los cuadros fotos con ellos fotos derecho a los cuadros fotos para arriba fotos por las ventanas. Por definición unas fotos horribles, porque la luz no ayuda nada de nada. Fotos.
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Cuando entré a ver La Gioconda me horroricé: una multitud enajenada sacandole fotos a la pobre, que allá al fondo, chiquita, separada por una barrera como una fosa, se ríe igual que siempre. Dí unas vueltas horrorizado.
Y al final le saqué una foto. Por supuesto salió horrible. Pero prefiero una sociedad que le saca fotos como enajenada a un cuadro del siglo XVI a una que arrasa con Bagdad. Cada uno se aproxima como puede.
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Este post me gustó.
guillermo
por la copia, rodia
martes, agosto 10, 2004
Siempre
Generalmente, los libros tienen momentos para ser leídos. Todavía no encontré el momento para leer El Quijote (horror! me aburrió una vez y no volví), todavía no encontré el momento para terminar el Ulises de Joyce (leí la mitad viajando solo y puedo decir que parece difícil, pero adentrarse en sus laberintos vale la pena... ). Pienso ahora en libros que pueda yo leer, releer en cualquier momento; rápidamente tengo a La náusea (que además es el mejor), cualquier cuento de Borges, algunos buenos cuentos de Cortázar, y pongamos El Mercader de Venecia para dibujar un Shakespeare cualquiera.
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