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domingo, setiembre 02, 2007

El maestro de Go

El jugador, cuyo turno coincide con el final de la sesión, marca su jugada sellada en un plano, el cual se ensobra, sin mostrarlo a nadie. Al final de la sesión anterior, Otake se retiró al vestíbulo para guardar su jugada. Los dos jugadores habían colocado sus sellos sobre el sobre, el cual, a su vez, había sido lacrado en otro mayor, que se guardó en la caja fuerte de la posada durante el receso. De modo que ni el Maestro ni Yawata conocían la jugada de Otake. Las posibilidades eran limitadas, sin embargo, y el juego nos parecía a los espectadores algo claramente predecible. Observábamos con gran excitación. Negro 121 bien podía ser la culminación del juego.

Yawata debería haberlo encontrado de inmediato, pero sus ojos se pasearon por el plano.
--Oh-- dijo finalmente

Yo estaba cerca del tablero, pero incluso cuando la piedra negra fue colocada, tuve dificultad para encontrarla. Cuando la encontré, no hallé explicación. En la parte superior del tablero, muy lejos de la batalla en que se había transformado el nudo en el centro.

También para un aficionado como yo, tenía el aspecto de una jugada cumplida, dada la situación kò, en una distante zona del tablero. Una sensación de rechazo me invadió. ¿Había sacado ventaja Otake por ser Negro 121 una jugada sellada? ¿Había utilizado el artificio de la jugada sellada como una táctica? Si así era, estaba siendo indigno.

--La esperaba cerca del centro-- dijo Yawabata, sonriendo irónicamente mientras regresaba del tablero.


(Yasunari Kawabata - El maestro de Go)

martes, abril 10, 2007

Mágico Kawabata

Yasunari Kawabata fue el mentor de Yukio Mishima . Parece que el segundo es más conocido que el primero, pero para mí no resiste la comparación. Diego dice que es que no lo entiendo, pero yo creo que lo entiendo y que nada, que no resiste la comparación. El marino que perdió la gracia del mar es una buena historia, pero punto. Para mí punto. En cambio El sonido de la montaña es, diosmío, un universo donde todo está por conocerse, tan asombrosamente humano como intangible. Y ese señor que lo protagoniza es uno de los personajes más mágicos que me ha tocado leer, y no es el único. Kawabata pasa la prueba del azar, y lo ensayo, página 58:

-Encantada, pero no esta noche. No con esta ropa.
- No, esta noche no.

Eiko vestía una blusa blanca y llevaba un moño blanco en el cabello.

Muy a menudo se ponía blusas blancas y, tal vez, el moño blanco, bastante voluminoso, aumentaba el efecto luminoso. El cabello estaba recogido atrás. Se diría que estaba apropiadamente vestida para una tempestad.

La línea del nacimiento de la cabellera era límpida y trazaba una curva graciosa detrás de las orejas. El cabello enmarcaba con nitidez la piel que, por lo general, escondía.

Su pollera era de lana, de color azul marino, con aspecto de gastada.

Vestida de ese modo, no se percibían sus senos diminutos


(Yasunari Kawabata - El sonido de la montaña)

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Tengo un amigo en París y tengo un amigo que cumple años mañana. Las frases adjetivas son una excusa para jactarme de su amistad.

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Dans mon jardin, Y'a des avions, il y a des trains, des contrôleurs dans le souterrain, des autoroutes et des chemins, il y a la bécane de mon frangin,
Dans mon jardin, moi je voudrais bien, qu'il y est une fleur dans mon jardin,
Qu'il y est une fleur dans mon jardin.


(Manu Chao - Le p'tit jardin)


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Tengo un libro de "grandes cuentistas" o una cosa así. Por ahora pude hojearlo, y revisar lo bien hecho que está El gato con botas y repasar el cuento este de la carta escondida de Allan Poe, ese escritor de protonovelas de detectives, o prenovelas de detectives, yo que se. Después cuento.

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