jueves, noviembre 09, 2006

De olores, recuerdos y dolores.

Hace mucho tiempo (no recuerdo si me sucedió alguna vez) que no dejaba un libro por la mitad. Bueno, La perla y otros cuentos de Yukio Mishima me resultó imposible. Ni siquiera puedo hacer un juicio de valor, porque no pude superar la barrera de esa sensación de desgracia que rodeaba a los cuentos que llegué a leer. Creo que es un problema de mi actitud hacia la vida, o directamente mi miedo al dolor o yo que sé, pero cuando llegué a Patriotismo, un cuento que detalla de foma bastante explícita un hara-kiri (según la wikipedia, hablando correctamente debe decirse seppuku) y teniendo la idea de que el autor mismo terminó de esa forma, no pude soportarlo, cerré el libro, dejé el marcador al final y me decidí a devolverle a diego el libro, soportando el oprobio de no haberlo terminado. Al otro día reintenté con La perla, que daba nombre al libro y no, no. Muy doloroso todo para mi temperamento. No sé, me recordé que en cine no me gusta el gore, y que los japoneses tienen una sensibilidad especial para ello. Nada, muy de este mundo los japoneses. Aunque también me huele que Yukio Mishima no le anda cerca a Kawabata... pero es un feeling nomás.

***

Me gustaría citar un párrafo de El perfume, pero no puedo por la razón del artillero: lo presté. En ese párrafo, habla de cómo Grenouille logra en su mente catalogar todos los olores que conoció, lo cual no sólo destaca su olfato (leit motiv del libro), sino su capacidad de recordar, que trae a la memoria (adecuado...) al Funes de Borges:

Nosotros, de un vistazo, percibimos tres copas en una mesa; Funes, todos los vástagos y racimos y frutos que comprende una parra. Sabía las formas de las nubes australes del amanecer del treinta de abril de mil ochocientos ochenta y dos y podía compararlas en el recuerdo con las vetas de un libro en pasta española que sólo había mirado una vez y con las líneas de la espuma que un remo levantó en el Río Negro la víspera de la acción del Quebracho. Esos recuerdos no eran simples; cada imagen visual estaba ligada a sensaciones musculares, térmicas, etc. Podía reconstruir todos los sueños, todos los entresueños. Dos o tres veces había reconstruido un día entero; no había dudado nunca, pero cada reconstrucción había requerido un día entero.

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Para música tenemos a los Pixies, C'mon Pilgrim, tenemos al Loaded de la Velvet Underground (recordar: al final de todo está Lou Reed), e, insisto, a Forever Changes de Love, gracias a la recomendación de Lagartija, de Port of Souls:

You are just a thought that someone
Somewhere somehow feels you should be here
And its so for real to touch
To smell, to feel, to know where you are here
And the streets are paved with gold and if
Someone asks you, you can call my name
You can call my name
I hear you calling my name yeah all right now

6 comentarios:

Anónimo dijo...

Una de las [pocas] cosas que no me gustan de Borges es que exagera mucho.

[aparece] El Bravo Zorro

Rodia dijo...

por ejemplo?

Anónimo dijo...

"todos los vástagos y racimos y frutos que comprende una parra"?

"del amanecer del treinta de abril de mil ochocientos ochenta y dos"? (el amanecer no existe sin una coordenada geográfica)

Es una cantidad innecesaria de memoria

EB[ravo]Z

Rodia dijo...

bueno, es precisamente la idea del cuento, el tipo no tiene la capacidad de olvidar _nada_

está en la web el cuento completo

Anónimo dijo...

Con onda, [antes de que me vaya pa'otro blog], ¿me va a explicar todos los cuentos de Borges?

Rodia dijo...

perdón, perdón. sencillamente no veo la exageración en un cuento que habla de la exageración, y pensé que podrías haberte remitido sólo al parrafo.

nada, go on to next blog :)