domingo, setiembre 02, 2007

El maestro de Go

El jugador, cuyo turno coincide con el final de la sesión, marca su jugada sellada en un plano, el cual se ensobra, sin mostrarlo a nadie. Al final de la sesión anterior, Otake se retiró al vestíbulo para guardar su jugada. Los dos jugadores habían colocado sus sellos sobre el sobre, el cual, a su vez, había sido lacrado en otro mayor, que se guardó en la caja fuerte de la posada durante el receso. De modo que ni el Maestro ni Yawata conocían la jugada de Otake. Las posibilidades eran limitadas, sin embargo, y el juego nos parecía a los espectadores algo claramente predecible. Observábamos con gran excitación. Negro 121 bien podía ser la culminación del juego.

Yawata debería haberlo encontrado de inmediato, pero sus ojos se pasearon por el plano.
--Oh-- dijo finalmente

Yo estaba cerca del tablero, pero incluso cuando la piedra negra fue colocada, tuve dificultad para encontrarla. Cuando la encontré, no hallé explicación. En la parte superior del tablero, muy lejos de la batalla en que se había transformado el nudo en el centro.

También para un aficionado como yo, tenía el aspecto de una jugada cumplida, dada la situación kò, en una distante zona del tablero. Una sensación de rechazo me invadió. ¿Había sacado ventaja Otake por ser Negro 121 una jugada sellada? ¿Había utilizado el artificio de la jugada sellada como una táctica? Si así era, estaba siendo indigno.

--La esperaba cerca del centro-- dijo Yawabata, sonriendo irónicamente mientras regresaba del tablero.


(Yasunari Kawabata - El maestro de Go)

5 comentarios:

Javier Couto dijo...

Yo creía que el maestro de Go era otro...

Rodia dijo...

a veces sos particularmente idiota.

Zeta dijo...

La situación iba de mal en peor. Otake empezó a hablar de invalidar el certamen [...] Un tal Tö gö, practicante del arte de dar calor con las palmas de la mano, fue convocado
[...] Sin estar por completo recuperado [el Maestro], se había teñido el cabello para continuar con el combate. No cabía duda de que estaba arriesgando su vida.

Luego de acabar esta crónica, una duda remains: ¿Cómo es el modo oriental de contar el tiempo? ¿y cómo es posible que coincida tan exactamente con el occidental?

Javier Couto dijo...

el que era idiota no era el jugador de ajedrez de Zweig ?

Zweig.. otro suicida, habría que hacer un post sobre escritores suicidas (o referir al libro de Vila-Matas)

Anónimo dijo...

http://www.thinkchile.com/playgo/